Tras un potente terremoto y tsunami que azotó Chile en 2010, más de 11,000 edificios quedaron destruidos a lo largo de la costa. Muchas familias perdieron sus hogares y su medio de vida. El gobierno les ofreció trasladarlos al interior, pero la mayoría quería quedarse cerca del mar, donde se ganaban la vida pescando o recolectando algas.
Para respaldar esto, se desarrolló un nuevo tipo de vivienda social resiliente. Estas casas sobre pilotes, especialmente diseñadas, se construyeron a mayor altura del suelo para protegerlas de posibles inundaciones por tsunamis. Las zonas de estar, como cocinas y dormitorios, se elevan por encima de los niveles de inundación, mientras que la planta baja puede inundarse con seguridad o utilizarse como almacén y lugar de trabajo. El diseño también refleja la arquitectura y la cultura locales.
Se construyeron 180 viviendas en cinco pueblos pesqueros. Los residentes trabajaron en estrecha colaboración con arquitectos y funcionarios gubernamentales para diseñar las viviendas y decidir si se quedaban o se mudaban. Las viviendas costaron aproximadamente $25,000 cada una, financiadas íntegramente por el Ministerio de Vivienda de Chile. Las familias no necesitaron préstamos y desde entonces han recuperado sus medios de vida para cubrir el mantenimiento continuo.
El proyecto también apoyó la economía local con capacitación, equipamiento y eventos culturales. Involucró a numerosos socios, incluyendo comunidades locales, universidades y organismos gubernamentales. El enfoque se centró en la participación comunitaria, la seguridad y la preservación de la identidad.
El proyecto enfrentó desafíos, como mayores costos y retrasos, pero demostró que la recuperación ante desastres puede proteger tanto a las personas como a su cultura. Estas viviendas son ahora un modelo para la reconstrucción de comunidades costeras en zonas propensas a desastres. Las lecciones aprendidas de este proyecto se están utilizando en otras partes de Chile y han despertado interés internacional.




