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La Primera Ministra tuvo casi razón ayer cuando dijo que construir más casas cada año resolverá la ‘crisis’ de vivienda. El último Presupuesto prometió 300.000, otros dijeron 250.000, algunos hasta sugirieron 400.000. Por supuesto la Primera Ministra y los otros están en lo cierto – existe una escasez significativa de vivienda en Inglaterra. Es, como ella dijo ayer, ‘una de las mayores barreras para la movilidad social que enfrentamos hoy en día’.

Pero no es tan sencillo como simplemente construir más casas. Eso por sí solo no resolverá el problema en absoluto. Uno puede ir a cualquier agencia inmobiliaria y preguntar qué tienen por medio millón o un millón de libras (dependiendo de adonde uno viva), y encontrará que hay una gran variedad. Si uno tiene suficiente dinero, no hay escasez de vivienda. Lo que nos falta con urgencia es vivienda de bajo costo que puedan pagar las personas con ingresos bajos o ingresos promedio.

Durante la mayor parte de mi carrera he estado lidiando con las consecuencias de la falla del mercado de vivienda del Reino Unido. Esto se manifestó en lo que la Primera Ministra describió como ‘una causa de vergüenza nacional’ – el sinhogarismo. Pero también en la falta de asequibilidad y, contrario a la lógica, una sobre-oferta de hogares vacíos.

En el corazón de esta falla hay una brecha creciente entre proveedores y ocupantes. Ahora los hogares ya casi no se construyen directamente para los ocupantes, sino que son construidos para responder a las demandas de propietarios, inversores y especuladores distantes. Esto ha creado un parque de vivienda que es predominantemente impulsado por la inversión, generalmente de mala calidad, y construido con poca consideración por las personas que terminan viviendo allí.

Esto impulsa un sistema adonde los hogares tienen el precio que los inversores están dispuestos a pagar, en lugar de ser lo que los ocupantes pueden pagar de forma razonable.

Desde hace tiempo tengo en claro que la mejor manera de salir de este problema es cambiar la provisión de vivienda para que los ocupantes y las comunidades, y no los inversores, se encuentren en el corazón de las decisiones.

¿No es la mejor forma de asegurar de que la vivienda responda a las necesidades de la gente, el que ellos mismos estén involucrados en desarrollar la vivienda?

Durante los últimos años, la necesidad de este enfoque se ha vuelto más y más urgente. A pesar de un crecimiento reciente, la construcción de vivienda ha caído al menor nivel que hemos visto durante generaciones. La vivienda social está siendo gradualmente definida como no existente, y la brecha de asequibilidad se ha expandido a punto tal que todos excepto aquellos con riqueza de vivienda previa – y aquellos con los mayores ingresos – son excluidos.

Nuestro trabajo en World Habitat nos brinda el privilegio de ver cómo la vivienda funciona y tiene éxito en otros países y culturas. Es notable cómo lo que nosotros en el Reino Unido llamamos Vivienda Liderada por la Comunidad es una parte importante del mercado de vivienda en prácticamente cada país, aparte de los sistemas controlados muy de cerca por el estado.

En la mayoría, es mejor desarrollada que en el Reino Unido, y en muchos logra el objetivo de vivienda de bajo costo para todos. Eso es algo que el sector de vivienda social alguna vez brindó en el Reino Unido. Por ejemplo, en Polonia, uno de cada cuatro hogares son producidos por cooperativas locales. En Suecia, uno de cada tres de todos los nuevos hogares son ‘auto-construidos’ por los ocupantes mismos.

Estos modelos brindan más hogares asequibles que están más preparados para las necesidades de las personas que viven en ellos. El adoptar enfoques como estos, ¿no haría mucho más para resolver la crisis de vivienda del Reino Unido, que construir cientos de miles de casas que sólo pocas personas pueden pagar?

 


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